¿Hacia dónde vamos como país por Olmedo España?

Con la sana intención de encontrar respuesta a este interrogante, he acudido a conversar con amigos de manera informal. Hay palabras de aliento y de entusiasmo optimista. Me describen las bellezas de la naturaleza: montañas, bosques, lagunas, ríos, o sea, una rica biodiversidad. Otros me hablan de la multiculturalidad y de cómo esta diversidad de culturas le da a Guatemala su asiento de identidad.

También expresan admiración por el talento, la ingeniosidad y la capacidad de emprendimiento e innovación para inventar trabajos que den sustento a las familias. Curiosamente, un amigo extranjero a quien lleve a conocer ciertos lugares del país, se preguntaba respecto al cultivo de hortalizas floridas y diversas en Chimaltenango y Quetzaltenango: ¿Por qué hay tantos pobres en Guatemala si su gente es trabajadora e incansable para producir tantas verduras para el mercado interno?

Frente a esta interrogación de fondo, procuré responder. Guatemala es un país lleno de tantas bondades y cualidades propias de su vida histórica y natural. Es también un lugar donde abundan contradictoriamente, los problemas. Ciertamente las personas trabajan y se entregan a producir con sus manos callosas estos cultivos, pero el mercado se los traga y las ganancias son tan escasas, que en lugar de caminar hacia adelante, lo hacen hacia atrás. Nos espantan por ejemplo los datos acerca de la desnutrición infantil que son alarmantes en una nación en donde se produce comida, pero hay escaza capacidad de acceso a los alimentos que nos marca como un país con profundos rezagos en seguridad alimentaria. Y frente a este problema estructural, están los de orden ambiental lo cual se manifiesta que sobre los cauces de los ríos vierten diariamente porquería. Las montañas son arrasadas y los minerales saqueados. Los centros urbanos crecen anárquicamente. Y cada quien marca su territorio, pequeña o grande en donde impera la ley de quien es el propietario.

Miles de jóvenes pierden su mirada en la incertidumbre. En el vacío de un futuro que no ofrece ninguna condición para una vida feliz y llena de certezas para una mejor condición humana. Escapan entre la oscuridad de la nada y se nos pierden esas inteligencias. Algunos se salvan del naufragio fatal de un país que no está a la altura de sus expectativas.

Los caminos del país físicamente se han destruido por las lluvias, el tiempo y una pésima construcción generada por las sombras de la corrupción. A su vez la comunicación humana que nos articulan con los otros existencialmente, también se han derrumbado, porque la desconfianza ha sumergido a la sociedad guatemalteca en un mar de dudas en las que priva el sentido egoísta de vivir. El principio de autoridad y solidaridad que cohesiona a la sociedad, se desgajó en nuestras propias manos sin reparar en el daño que todo esto ocasiona. La confianza ciudadana perdió sentido y las personas no tienen credibilidad de las instituciones estatales. Estas han quedado vacías de significado porque la presencia del Estado es inexistente en Guatemala.

Los contrastes en Guatemala son amplios y profundos, como esos atardeceres de verano que se contemplan con éxtasis desde la cima o llanura del territorio nacional. Pero frente a esta ensoñación, surgen a nuestros ojos, los barrancos de la ciudad que muestran el dramatismo de la marginalidad que genera la pobreza. Los tira fuegos de los semáforos asustan por esa angustia que los acompaña. Los mendigos de las esquinas arrastran su miseria y en el campo crecen las barrigas de una niñez desnutrida. Contrariamente abundan portentosamente edificios arquitectónicamente bellos como parte de un panal de lujo. Los centros comerciales muestran ficciones de una riqueza que nace del cinismo y la explotación de la mano de obra de los más pobres del país. Lugares que se convierten en los paseos dominicales de una población que ve los ventanales de ropa y perfumes, con ilusión, mientras saborean un helado que fueron capaces de comprar.

En medio de estos contrastes, la vida humana se nos escurre entre piedras y arena. El país se torna oscuro como la negritud de la noche. No habrá lugar alguno en donde la luz nos aliente si no entendemos que los guatemaltecos debemos caminar para encontrar los rayos de un sol que vuelva a hacer brillar a la nación. La pregunta es: ¿hacia dónde va el país? ¿Hacia dónde queremos nosotros caminar? ¿Qué motivos necesitamos para cambiar esta forma de ser a fin de lograr la convivencia humana que nos haga más humanos? De las respuestas que nos demos, se marcará el destino del país.

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