Unos se van y otros vendrán pero los mismo serán, el tiempo nos dirá por César Sagastume

UNOS SE VAN Y OTROS VENDRÁN, PERO LOS MISMOS SERÁN; EL TIEMPO NOS DIRÁ

El pueblo elegirá una nueva administración gubernamental, donde los actores poderosos son los mismos.

Sin dudarlo que los falsos dueños del poder, autodenominados políticos, que el sustantivo real es denominarlos politiqueros, se han apropiado de la autoridad local, municipal, departamental, regional y nacional ya sean ganadores o perdedores del primer ejercicio electoral, se han alineado con el mejor postor, para sacar provecho de su ejercicio político, sin importar ideologías, principios ciudadanos y sin el compromiso patriótico de servir a la patria, para sacarla de la encrucijada en que se encuentra.

En una nueva administración gubernamental, los que han logrado espacios cercanos a los dos contendientes en esta segunda vuelta, ya están pensando en espacios de poder para desplazar a los que han gozados de las mieles del poder, algunos a espaldas de la ideología que los llevo al poder ya se han aliado con los candidatos que pretenden ser los ganadores para perpetuarse en el poder y los otros escogiendo los escaños públicos para gozar de cargos públicos que les inunda la ambición.  Dejan de utilizar las experiencias positivas de los burócratas de excelente desempeño, quitándolos e imponiendo a otros con menos experiencia sin saber el verdadero trabajo de las funciones que deben desempeñar; los otros que han desarrollado argucias para mantenerse sin haber desempeñado con altura su desempeño. En conclusión desboronan al Estado para principiar de nuevo, repitiendo la historia de este sistema político que siempre queda en deuda con el pueblo.

Las normas laborales se rompen, la burocracia crece, la eficiencia del Estado desconoce la excelencia, porque hace falta una evaluación de desempeño, que permita seleccionar a los mejores profesionales para el desarrollo del país.

Aparentemente cada gobierno que releva la administración pública con el propósito de oxigenar los procesos para dar cumplimiento  de que “el Estado de Guatemala se organiza para proteger a las personas y a la familia: su fin supremo es la realización del bien común” como lo señala la Constitución de la Republica y “es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la república, la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo de las personas” suele quedarse en deuda cuando no cumplen con la infinidad de ofrecimientos falaces.

Todo el andamiaje de la estructura gubernamental de un país que practica un gobierno republicano, hacen un juramento ante la constitución de la Republica en donde juran cumplir sus mandatos y se ha venido comprobando en cada periodo de gobierno que soslayan esta carta magna para atender los intereses personales, olvidándose cuales son verdaderamente los principios de las normativas que dirigen una democracia plena.

Esta manifestación democrática, que no es la única, el pueblo deberá llegar a las urnas  a emitir el sufragio que determinará la elección del Presidente del poder ejecutivo que será el que tenga la responsabilidad de respetar los otros dos poderes con el compromiso de no politizar  los procesos, sin atender los interés personales de los funcionarios, para evitar que estos no cometan atrocidades causados por el flagelo de la corrupción, y evitar manosear las leyes a su favor, cuando se encuentren en la encrucijada del delito y no ser sancionados por el poder judicial y/o legislativo según el mandato legal, aprobando acciones que neutralizan el derecho, para favorecer a estructuras criminales que rompen con la ética y la moral.

Es el momento de reflexionar sobre la responsabilidad de acudir a las urnas electorales a elegir al próximo presidente de Guatemala; si lo hacemos como ciudadanos responsables, tendremos el deber y el derecho de hacer que cumpla con el “PLAN DE GOBIERNO” y las promesas políticas utilizadas para convencer al electorado; lo que autoriza al pueblo demandar el cumplimiento de lo prometido, y no permitir que sigan jugando con la dignidad del pueblo; de lo contrario, sancionarlos  enérgicamente hasta exigir la renuncia irrevocable, mediante manifestaciones populares, considerando que el pueblo es el soberano que determina sanciones drásticas a los traidores y apátridas.

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