La democracia en contextos multiétnicos por Luis Javier Crisóstomo

Hablar de democracia en nuestro país, para muchos es hablar de la falta de representación de cada uno de los pueblos que integran el Estado de Guatemala, pues es tan evidente que no cuentan con la representatividad por ejemplo en el Congreso de la República y las políticas públicas son impuestas de manera homogénea que los aleja de las verdaderas necesidades de la población. En este sentido, un gran porcentaje de la población guatemalteca no se visibiliza para la política y las consecuencias tienen efecto e impacto en la vigencia de los derechos humanos personales y colectivos. 

Los pueblos originarios no han elegido libremente el sistema político que impera que se caracteriza por ser excluyente, racista y persigue a quienes de alguna manera alzan la voz para un tratamiento justo, humano y de reconocimiento pleno de su presencia en todas las acciones que llevan a cabo los gobiernos de turno en nombre del Estado de Guatemala. Está claro, que nuestro país, necesita de una democracia fundamentada sobre diversidad de cosmovisiones contradictorias pero complementarias y especificidades culturales que dialoguen en el contexto de un proyecto político sobre la participación y representación de todos. La democracia cede la participación, representación y la presentación de demandas a cada individuo y pueblo sobre los principios de equidad, igualdad y justicia. En este contexto, el voto de la ciudadanía que pertenece a pueblos originarios no obtiene los efectos que la democracia exige al Estado de Guatemala.

Los pueblos indígenas queremos la democracia donde todas las personas, hombres, mujeres y jóvenes luchen en pos de lograr las mejores condiciones de vida en el marco de las oportunidades donde pueblos y gobierno dialogan, identifican necesidades y aspiraciones a atender con las perspectivas de vivir en justicia y paz. El punto de llegada debe terminar con la pobreza, la extrema pobreza y la injusticia pues son los resultados de la democracia que deseamos para disminuir los hechos que fomentan la aparición de conflictos y la ingobernabilidad.

Se tiene claridad que la democracia requiere de instituciones democráticas, equitativas, justas, plurales que atiendan a toda la población diversa que aspira por un país donde la pluralidad y la interculturalidad sean parte del proyecto político de vida común donde cada persona y cada pueblo sienta seguridad, alegría y orgullo de pertenecer a un país justo y democrático. Aquí imaginamos un Congreso con la representatividad de los pueblos integrado por mujeres y hombres honrados y de servicio al desarrollo de los pueblos. El pueblo siente vergüenza cuando sus autoridades y funcionarios son irresponsables, incompetentes y corruptos. En este contexto, vale la pena que los pueblos de Guatemala demanden la continuidad de la CICIG porque en este país la corrupción es acción común en el sector privado y en las entidades que deberían ser alguna reserva de la práctica de la moral y de la ética. Mucho se ha dicho que la democracia tiene como valores la justicia, la honradez y la transparencia, entre otros.

Estamos sufriendo la democracia que está al servicio de un grupo, de la oligarquía, de las instituciones que padecen del silencio, en tanto se derrumba el país por la corrupción y una estructura con ausencia de democracia cuando de pueblos originarios se trata. Está vigente la aspiración a una democracia donde estén los pueblos con derecho a hacer los cambios deseables para el bienestar de todos atendiendo los derechos individuales y colectivos con el objetivo de vivir plenamente.

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Ignacio EspañaComentario