La conducta humana por Julio Hernández Estrada

A veces, la sombra empuja más, que lo que jala la luz (Voltaire). Es difícil formar hábitos, pero más difícil, cambiarlos. Sin embargo, cambio de precios, hacen milagros, de forma inmediata, en la conducta humana. Si cotidianamente, pide a su familia, apagar las luces de la casa, que no se utilicen, no hacen caso. Pero si el recibo de la luz, sube, todos apagan las luces que no se utilizan. La campaña para eliminar y/o reducir el hábito de fumar, no fue exitosa, hasta que subieron los precios. Por el contrario, a veces operan en sentido contrario. La famosa Ley Seca de Estados Unidos de América, para reducir el consumo de whisky, disparo los precios, la producción clandestina. Cuando se abolió dicha ley, los precios bajaron, desaparecieron los alambiques clandestinos, la recaudación de impuestos subió. El mismo efecto sería para la legalización del uso recreativo y medicinal de la mariguana; Los precios bajarían, el crimen se reduciría, los fumadores disminuirían, no habría adulteraciones del producto, etc.

La economía ha sido, tradicionalmente, vilipendiada. Sin embargo, tiene más de dos cientos años de vigencia, como ciencia y ley científica universal, desde su aparición con Adam Smith, clérigo escocés. Han existido intentos, basados en la ignorancia, de presidentes y congresistas, creyendo que como existe la ley de la oferta y la demanda, se puede abolir en el congreso. Sería como intentar abolir la ley de la gravedad por decreto. La economía nace en plena ilustración, cuando la razón, reina en los humanos. El uso de la razón, es primordial. Se utiliza el término, “Es gente de razón”. Sin embargo, en economía, muchas decisiones son irracionales, dependen más de obtener estatus, con la compra de productos que no se necesitan, más que para aparentar ante los vecinos, demás familia, inclusive enemigos. Cualquiera puede satisfacer necesidades básicas, como poseer un vehículo, pero si el vecino, compra uno, mejor, la persona se sentirá miserable, por tener un vehículo como el del vecino. Cuantos viajes a Europa, Asia o África, no se realizan, únicamente para demostrar a los vecinos, compañeros de trabajo o familia, que se tienen los recursos económicos, para viajar, aunque el viaje haya sido pagado en abonos, con tarjeta de crédito, y sin ningún interés ni conocimiento previo del lugar a visitar. El estatus, es parte importante de la ecuación de consumo.

Las ventas de cualquier producto o servicio, aumentan con el crecimiento de la población, del ingreso de las personas, y de las necesidades básicas. Sin embargo, la población no crece tan rápidamente, ni el ingreso, ni las necesidades básicas. Pero el número de empresas produciendo y vendiendo, si crece todos los días. Entonces, todas ellas, se pelean por el ingreso de la población que es relativamente, fijo. ¿Cómo quitar al consumidor su ingreso? Todas las empresas pelean por la misma cantidad de ingreso de la población. Bombardear la mente del consumidor con publicidad, dando propiedades mágicas al producto. Perfumes que conquistan, carros deportivos que suben mujeres bellas, motores con más potencia, para transitar por la urbe, cuando fueron diseñados para el campo, ropa con colores atractivos, zapatos con diseños extravagantes, etc. Las necesidades básicas, son de alimentación, vivienda, vestido y recreación. Pero no necesariamente hay que ir al IRTRA, a Disney Miami, Disney Francia, Disney Japón, un crucero por el Polo Norte, safaris, Tailandia, etc. Recreación puede ser, leer un libro, sentado en un buen sillón en la sala de la casa. Muchas compras se realizan, por los demás, no por uno. Se vive en lugares, que no se puede pagar, se viaja a lugares que no se desea ir, se come y bebe, por aparentar disfrutar culturas foráneas, etc. Se invierte un tercio del tiempo de cada día, viajando al trabajo, por vivir en casas que dan estatus, lejos del mundanal ruido, del centro o cerca del trabajo. Esa vida, es una alienación. Se vive una vida ajena, prestada por la presunción de aparentar lo que no se es. No es una vida auténtica. Se pierde la oportunidad, de vivir su propia vida. Aparentar, se paga con la vida, y se empeña la vida de la familia.

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