La democracia nunca muere por Cristóbal Pérez-Jerez

Vivimos en un mundo que parece aproximarse a una catástrofe total. Se

acumulan las tensiones económico-sociales, aumenta el caos ambiental, nevó

en Guadalajara, mueren los emigrantes centroamericanos en los ríos

fronterizos del norte, las tensiones de Estados Unidos con el patio trasero van

en aumento. En este marco queremos proponer una discusión sobre el futuro

de la democracia en Guatemala.

Guatemala vive tiempos turbulentos, hace tiempo se realizaron elecciones, y

nadie sabe quién ganó, ni por cuánto. Solo sabemos quién perdió, el de

siempre. En esta noche tan prolongada, en que los gritos de fraude se

confunden con las amenazas contra los que se atreven a elevar la voz,

tenemos que mostrarnos optimistas. Guatemala por primera vez desde hace

65 años puede debatir, discutir, aún las más absurdas y encontradas pasiones,

sin que las llamas de la pólvora acallen completamente la discusión.

Las últimas elecciones han dejado varias lecciones al pueblo chapín. Las

principales que queremos destacar son: primero, el descrédito del tribunal

electoral, que ha sido incapaz de escapar a los señalamientos de fraude y

manipulación de los votos; segundo, la sospecha que todas las elecciones

anteriores a 1954 han sido diseñadas y manejadas por el mismo grupo de

poder, quien elige quién gana y quién pierde; tercero, la emergencia, por

primera vez de tendencias claras de grupos ideológicos definidos, que pueden

ser la fuente de una confrontación y discusión de ideas contrapuestas que

pueden ayudar a generar consensos que permitan que Guatemala, por

primera vez, avance hacia el desarrollo democrático y liberal.

El primer paso es revisar las actas electorales y redefinir las diputaciones, se

tiene que dar espacio en el congreso a los candidatos que realmente ganaron

en los distintos departamentos y que representan la intención de los votantes.

Con el fin de tener una base auténtica para discutir los problemas de un país

de capitalismo feudal, para irlo transformando en una democracia multiétnica,

popular y de libre mercado.

Una de las tareas de las fuerzas que están despertando en Guatemala, y

pueden ser la fuente de la democracia real en el país, consiste en la protección

del medio ambiente, legislando en generar áreas protegidas de la naturaleza,

en donde se permita a los animales y plantas convivir sin presencia del ser

humano. Esto es una gran tarea que de cumplirse pondría a Guatemala en la

senda de ser un país ejemplar, no en lo negativo, sino en lo positivo.

Como base económica de este futuro tiene que promoverse la libre

competencia basada en la pequeña y mediana empresa generalizada, la

distribución de la tierra en pequeñas parcelas y la democratización del gasto

del gobierno. La democratización tiene que permitir una vida de consumo más

modesto para todos. La tendencia del sistema de mercado hacia la

descomposición social y natural se manifiesta en la concentración de la

riqueza en manos de terratenientes y empresarios monopolistas, y un enorme

sector de rentistas. El desenfrenado crecimiento económico, con una pésima

distribución de la riqueza y ningún cuidado de la naturaleza y sus seres

viviente, está basado en la generación de una enorme liquidez que queda en

manos de los grupos corporativos de rentistas, gente que no contribuye a

generar valor, pero se lleva un porcentaje de la plusvalía producida por un

capital infinitamente productivo. Estos grupos son capitalistas que no pagan

impuestos y reciben subsidios y contratos del gobierno; burócratas,

profesionales, intelectuales, sindicatos, etc.

Guatemala tiene que consolidar la democracia para enfrentar los riesgos

nacionales e internacionales que asoman en el horizonte. Según las

predicciones del Banco Mundial en junio 2019,

https://www.bancomundial.org/es/news/immersive-story/2019/06/04/the-

global-economy-heightened-tensions-subdued-growth, la economía mundial

se está desacelerando más rápidamente de lo esperado. Las tensiones

militares entre Rusia, Estados Unidos, Irán, Siria e Israel pueden conducir a un

enfrentamiento nuclear devastador. Estamos frente a una crisis ambiental,

comercial y militar mundial. La gota que rebalsará el vaso es la inminente crisis

financiera y económica internacional.

Estos son los riesgos más importantes:

El aumento de la liquidez mundial, tanto por el aumento del comercio mundial,

el cambio tecnológico y el impacto de la economía de los servicios, así como

por el lavado de dólares del narco y la corrupción, genera un aumento del

endeudamiento público orientado al consumo y no la producción, lo que

finalmente será uno de los causantes de la crisis.

Los gobiernos tienen que utilizar la liquidez en inversiones productivas,

infraestructura, educación, salud de calidad y más importante proteger el

medio ambiente y el resto de especies para que no desaparezcan.

En el caso centroamericano, el aumento de las masas pobres y las brechas de

posesión de la riqueza son elementos que acumulan tensiones para el futuro

inmediato. Sólo El Salvador parece tener un liderazgo hábil para plantear

soluciones.

El mundo acumula tensiones financieras que solamente podrán enfrentarse

con proyectos productivos y control de la población, así como equiparar las

condiciones de vida de todos los habitantes de los países. Los gobiernos tienen

que tener claro el marco de las políticas monetarias, comerciales y fiscales.

En conclusión, el proceso electoral en Guatemala, aunque sesgado, ha dejado

un nuevo panorama social, los grupos de derecha e izquierda tienen un marco

común para negociar, discutir y ponerse de acuerdo. Han emergido fuerzas

indígenas con visión política más clara para el futuro multinacional. Y los

problemas acumulados contra Estados Unidos presionarán para soluciones

reales de los problemas sociales y ambientales. Veremos sí el quetzal, por fin,

remonta su vuelo.

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