A los oídos de la próxima legislatura por Luis Crisóstomo

Cada cuatro años, ciframos las esperanzas en el nuevo gobierno, en un Congreso con nuevos bríos

y el Organismo Judicial administrando muy bien lo que le corresponde. Sin embargo, autoridades

y funcionarios, en muchos casos asumen actitudes poco aceptables por la población en general y

entonces la alegría tarda pocos días.

Esta vez, esperamos un Congreso alejado del tráfico de influencias, de la corrupción y del

ofrecimiento de obras en las comunidades rurales conjuntamente con las corporaciones

municipales. A cambio, necesitamos diputados cuyo trabajo legislativo se dirija a discutir y aprobar

leyes que velen por el bien común de todos los guatemaltecos. Aún con las diferencias ideológicas

y visiones de vida, deben identificar y asumir acuerdos mínimos para hacer funcionar la

democracia intercultural y el desarrollo que necesita el país. La diversidad de formas de vida no

debe ser tratada con políticas monoculturales que ejercen presión para desplazar argumentos y

prácticas que funcionan para conservar la salud y el medio ambiente. Es tener sabiduría y

estrategias claras para el aprovechamiento de las prácticas diversas con que cuentan los pueblos y

ejemplos se encuentran en distintas partes del mundo.

Sentimos vergüenza, temor y silencio por diputados que se aprovechan de su condición para

dedicarse a la represión de burócratas honrados y responsables que hacen bien el trabajo, o

diputados que abusando de su puesto trafique sus influencias para conseguir favores en

instituciones públicas solamente para atender intereses individuales y olvidarse de las soluciones a

los problemas y necesidades de una gran parte de la población guatemalteca. Deseamos

diputados que legislen para el fortalecimiento de las instituciones centrales y descentralizadas,

particularmente las que se dedican a la administración de la justicia, a la planificación y ejecución

de la educación en todos los niveles y aquellas que se dedican a la salud al alcance de la población

necesitada. No queremos diputados que requieren la presencia de trabajadores públicos para que

asistan a reuniones que no aportan nada al fortalecimiento de las instituciones que administran

servicios públicos, pero sí esperamos la presencia de diputados en las áreas rurales para que

visiten las entidades en los municipios con el objetivo de ver la cobertura y calidad de los servicios

públicos de salud, educación, justicia y la conservación del medio ambiente.

Deseamos la presencia de diputados cuando otros actores nacionales o internacionales despojan a

los empobrecidos para instalar megaproyectos con consecuencias lamentables a la vida y al medio

ambiente, revisar qué cambios deben tener las leyes para mejorar el aprovechamiento equilibrado

de los recursos naturales vía el diálogo sano con información clara. Reprimir, desaparecer,

encarcelar y eliminar líderes no debe ser parte de la acción humana en el ámbito político. Los

diputados deben dar cuenta en el lugar de los hechos de cómo los derechos individuales y

colectivos son irrespetados y no valen nada. Los legisladores tienen la obligación de identificar,

comprender y buscar soluciones a las causas reales de la migración interna y externa.

Para disminuir la impunidad y la corrupción deben mejorar las leyes preventivas y aquellas severas

que tienen que ver con estos grandes problemas que trae efectos negativos a la población. La

falta de tratamiento político adecuado a la multietnicidad del país en el campo político y

económico debe ser un tema de reflexión profunda para la próxima legislatura 2020-2024.

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