Julio Hernández - Sangre real vis a vis plebeya

El sábado 19 de mayo, de 2018, se casaron el Príncipe Harry y Meghan Markle, en el Castillo de Winsor. ¡Todo un espectáculo! Pocos entienden tanta algarabía. Ingleses, súbditos de la Corona, durmiendo desde el día anterior, para apartar lugar, vestidos con toda la gala de banderas inglesas. Para un foráneo, podrían parecer payasos. ¿Por qué toda esa parafernalia? En un mundo globalizado, complicado y complejo como el de hoy, estas bodas y, sobre todo, participación masiva de los súbditos, es signo de aburrimiento y la existencia de pocas cosas importantes que hacer en Inglaterra. Desde luego, El Príncipe Harry es simpático, fue el consentido de Lady Di. Ella, Meghan, artista de cine, estadounidense, mestiza, divorciada; ¿Qué más quebrantos de ley? Hace tiempo que la realeza europea ha dejado de casarse entre ellos. Primero, porque todos están emparentados; Segundo, los hijos heredan taras reales, malformaciones, etc. Es necesario mezclar o introducir sangre roja, natural, que no sea azul. Por siglos, las casas reales de Europa se han casado entre sí, y concentrado el banco genético, a tal grado, que han pagado cara la osadía real.  Por otro lado, están aburridos entre ellos, con tanto protocolo, apariencias, maneras de hablar, comer, reír, pasear,  hacer el amor. Es más atractivo vivir la vida, sin obligaciones reales, como dos personas normales, con problemas reales no imaginarios. En el caso de Inglaterra, la casa real, es costosa. Mantener los castillos y toda la parafernalia, es oneroso. Tanto así, que han abierto los castillos al público,  cobran por ello. Ha resultado una atracción turística. Todo incluido; Mostrar joyas de la corona, trajes, espadas, camas, comedores, inodoros, bacinicas, etc. Los grandes castillos, se utilizan para grandes ceremonias. El resto del tiempo, la realeza vive en castillos pequeños, manejables, económicos. Lo grande ha quedado como símbolos de la grandeza, que ya no existe. En el Reino Unido, hay ciudadanos que desean que desaparezca la subvención económica a la familia real. Poco a poco, han ido reduciendo las erogaciones. Los políticos, al hacer política, se desgastan. Hacer gobierno, desgasta. Cuando se mezclan los amoríos, actos de corrupción, nepotismo y todo el ejercicio del poder, los políticos salen mal librados. Las casas reales, mantienen la imagen. Los escándalos son menores, y los súbditos, les perdonan fácilmente. El resto de casas reales de Europa, son pequeñas, comparadas con Inglaterra. La mayoría de ellas, ha invertido en empresas de todo tipo. Además de la asignación oficial, los ingresos mayores provienen de sus corporaciones, discretamente. Para simular que viven de los impuestos. Pero ya no es así. Casi todos los príncipes y princesas, se están casando con plebeyos. La nueva sangre que entra a las casas reales, son hijos o hijas de grandes magnates, que desean darse un poco de lustre real. Y las casas reales, por su lado, necesitan inyecciones de ingresos y uniones corporativas.

En Estados Unidos de América, lo más cercano a una casa real, ha sido la Dinastía Kennedy, y su princesa Jackelyn (de origen francés) que, al enviudar, se caso con el magnate más rico del mundo. Aristóteles Onassis. Siguiendo los cuentos de hadas, Melania y Donald Trump, parecen salidos de un cuento, pero de horror. La pobre Melania, siempre con cara de sufrimiento, sin dar la mano en público a su captor. Más parece la Cenicienta. En lugar de hermanastras, tiene hijastros, tan terribles como el padre. Y colorín colorado, este cuento ha terminado.