Hacia un Estado promoviendo el Desarrollo Humano (Parte III) - Werner R. González

Sócrates, la semilla del Humanismo. Los representantes del desarrollo humano del Renacimiento sostenían que desde los pensadores griegos ya se recogía el ideal del hombre que ellos buscaban: “la educación como pilar central del desarrollo”. Tantos años después, 1985,  la Constitución Política de la República de Guatemala -CPRP-  en sus artículos 72 y 74 reza que: “La Educación tiene como fin primordial el desarrollo integral de la persona humana…”,  y  “. . ., la educación científica, la tecnológica y la humanística constituyen objetivos que el Estado deberá orientar y ampliar permanentemente”,  tercer párrafo del artículo 74 de la  Carta Magna Constitucional -CPRP-.  Así mismo, se proclama que el Estado promoverá la educación especial,  la diversificada  y  la extraescolar declarando  que el  interés social prevalece sobre el interés particular.  Por el lado de los derechos inherentes a la persona humana, el artículo 4 de la CPRG, establece que: “En Guatemala todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos. El hombre y la mujer, cualquiera que sea su estado civil, tienen iguales oportunidades y responsabilidades”. Estos y otros artículos de la Constitución, legitiman y certifican al Estado de Guatemala como una República cuyo fin soberano sea la promoción, el impulso, el desarrollo y el fortalecimiento del humanismo democrático en su población, legislación (ordenamiento jurídico) y, en general, en el territorio nacional.  Nota: El capítulo II «Derechos Sociales» en su sección quinta de la  CPRG, refriere a Universidades como un derecho a la educación conforme al artículo 71 que se complementa muy  bien  con  los  artículos  82  y  85  de la misma Constitución Política de Guatemala.

Asumiendo las consideraciones anteriores, hablar de desarrollo humano sin tocar el tema del humanismo democrático, sería como hablar de un “eclipse lunar” sin considerar su intersección con el Sol y de su incidencia en términos de efectos climáticos en la tierra.  Por ello, antes de entrar a la parte programática del artículo,  dedicaremos un importante espacio al origen del humanismo y de su interpretación desde la época de los clásicos del período del Renacimiento: “El Humanismo es la doctrina o movimiento que destaca el valor del ser humano. Otorga gran importancia a la educación, considerando que ésta puede desarrollar el potencial inherente de cada persona; lo cual, además, optimizará su aportación a la sociedad”.  Enciclopedia Universal, Socram Ofisis, 1931.

En la época del Renacimiento se produjo una reacción de cambio  desde el teocentrismo medieval hacia considerar que el hombre  «varón y hembra»  deberían ser los responsables de su propio destino. Los humanistas del Renacimiento se volcaron en el estudio de los clásicos griegos y romanos, considerando que en ellos ya se recogía el ideal de la persona humana que ellos buscaban.  “Así pues, 1, 700 años antes del Renacimiento, Sócrates plantea que el ser humano debe estar en el centro de la filosofía del desarrollo de los pueblos”. Vale destacar el importante aporte de los filósofos anteriores a Sócrates quienes en gran medida se dedicaron al estudio de la naturaleza. Hoy día, un tratado significativo debido al Calentamiento Global. La historia narra que otros pensadores de la época llamados Sofistas, efectivamente, se ocupaban de los asuntos humanos pero  lo hacían para obtener victorias retóricas con un fin práctico sin llegar a profundizar en el estudio del bienestar de la persona humana. En  el caso de la filosofía planteada por Sócrates, la ética ocupa un lugar central.  Lo cual, refuerza su condición de padre del Humanismo.

En Guatemala, en pleno Siglo 21 y después de lo proyectado por el  filósofo griego, debemos reconocer que se necesita reorientar el azimut o dirección que nos conduzca por la ruta del Desarrollo. Guatemala, es el único país «que sin estar en guerra y sin  llegar a ser, aún, un Estado fallido»  ha retrocedido en sus Indicadores de Desarrollo Humano -IDH-. Los niveles de pobreza generalizada en la población y la desnutrición crónica en niños menores de cinco años, son alarmantes. Esto constituye un reto y desafío de gran cuantía para el Estado Guatemalteco de cara al año 2030, cuando se cumplan los Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS-. La consolidación de la democracia en Guatemala demanda un Estado fortalecido; y aunque no necesariamente grande, si con niveles de sensibilidad social orientados a valores cívicos, morales y espirituales sostenidos en el tiempo intra e inter generacionalmente. En este sentido, los Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS- 2030, se traducen en la ruta para que en Guatemala se facilite «por la vía de emprendimientos  y políticas públicas»  el fortalecimiento social que vigorice la relación Estado-Sociedad en busca del desarrollo humano desatendido por décadas en el país.

Ahora bien  ¿Cuál es la propuesta técnica para medir los avances del desarrollo humano?  Esta pregunta es clave, ya que todo fenómeno o estudio que no pueda medirse, no podrá cuantificarse ni evaluarse. Dado que la pobreza es provocada por una carencia multicausal de factores, su medición debería estar sustentada con la aplicación de una metodología multifactorial con enfoque multisectorial. Para fortuna, la metodología Alkire-Foster desarrollada por la Iniciativa OPHI-Oxford e impulsada y promovida por el programa PNUD de las Naciones Unidas ofrece sustento al Índice de Pobreza Multidimensional  -IPM- que mide los cambios «con dimensiones multifactoriales» en los Indicadores de Desarrollo Humano -IDH-. Actualmente, en Guatemala se construye el primer ensayo de esta metodología actualizable en el tiempo, a oficializarse prontamente. Se espera que en el futuro cercano, al igual que otros países con mejores indicadores de IDH lo han hecho, éste forme parte del presupuesto general y del inventario estadístico nacional para la medición de la pobreza multidimensional en complemento del actual método unidimensional, llamado: Índice de Pobreza por Ingreso, que ha sido disfuncional, en términos prácticos, a la luz de los resultados de los IDH en Guatemala.

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Ignacio EspañaComentario