Asistencialismo y desarrollo comunitario - Luis Crisóstomo

Las políticas públicas para el desarrollo comunitario rural generalmente ven a las personas y a las familias como actores que no pueden aportar a su desarrollo, que un alto porcentaje está sumido en la pobreza, extrema pobreza, sin instancias de participación, lejos de servicios educativos y de salud, situación que mantiene el subdesarrollo de manera permanente.

Se menosprecia a las familias para asumir responsabilidades concretas en función de lograr en el mediano plazo mejores condiciones de vida a través de programas y proyectos cuya incidencia debe ser a nivel local y con participación de los comunitarios.  Es necesario tener presente que es la familia la primera instancia que se encarga de compartir con las hijas e hijos qué es y cómo se alcanza el bienestar, qué es y cómo se logra el desarrollo de los pueblos. Es la familia la que se encarga de trasladar los componentes culturales que hacen posible la sobrevivencia con la aplicación de  conocimientos y la tecnología ancestrales que aún se conservan allí.  En fin, las capacidades de las familias se pueden apreciar en cualquier momento y deben ser parte del esfuerzo estatal para disminuir y eliminar los problemas que actualmente limitan el desarrollo humano. Hay que tener claridad de que la familia se encarga de compartir con sus miembros en qué se puede aportar al desarrollo de la comunidad, qué acciones son sanas y cuáles no ayudan a salir de la pobreza.

Cuando los gobiernos de turno asumen políticas y acciones que tienden a considerar a la población rural como menor de edad, entonces empiezan a generar servicios públicos dedicados a proporcionar productos con la idea de que así resuelven problemas relacionados a educación, salud y alimentación.  Se tiene la idea de que la población del área rural solo puede recibir y por eso mismo hay que darles sin importar la dependencia que se les crea desde el Estado. Tener claridad que estas acciones asistencialistas se hacen sin el seguimiento y acompañamiento respectivo para el buen uso de tales recursos. 

Entre los efectos negativos de los programas asistencialistas están que la gente se acostumbra a recibir sin hacer el menor esfuerzo, se fortalece la actitud de que el gobierno debe dar todo a las comunidades sin hacer nada y se fomenta el pensamiento de que los habitantes no quieren hacer algo por el bienestar de su comunidad.  En muchos casos, los productos a distribuir a los más necesitados se quedan en otras manos, por ejemplo los allegados a las autoridades locales en el poder y a los que tienen más posibilidades de contar con algún dinero.

Cuando las familias tienen dificultades de proporcionar lo básico para la salud, la educación y respuestas a las aspiraciones de las hijas y de los hijos, en muchas ocasiones sucede que estos últimos abandonan a la familia en busca de otros ámbitos que pueden generarles respuestas a un mejor futuro.  Así tenemos a niños, niñas, mujeres, hombres y jóvenes que migran a las grandes ciudades o a otros países que ofrecen mejores condiciones para vivir bien. 

Habrá que revisar el espíritu y efectos de los programas y apoyos asistencialistas por proyectos y programas bajo la responsabilidad de las comunidades, donde la organización comunitaria gire alrededor de temas de interés para conseguir con fondos públicos el desarrollo sustentable para todos, donde también se posicione y se lleve a la práctica estrategias y acciones por el bienestar de las nuevas generaciones. Gobierno y pueblos conscientes por conjuntar esfuerzos para la plenitud de vida y alegría de todos.

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Ignacio EspañaComentario