El tramo carretero Salamá - Chicaj; un trabajo de maquillaje - César Sagastume

El cambio de asfalto de un tramo carretero deteriorado por falta de mantenimiento, es financiado para remodelar nueve kilómetros y únicamente reconstruyeron  tres y un mes después el bacheo de los seis restantes, es un desastre.

Cuando transcurrían la década de los años 60s, específicamente el año 68 me conducía a la aldea Rincón de Jesús, para hacer docencia en doble jornada, incluyendo el horario del día sábado por la mañana para completar la semana laboral, una comunidad ubicada en la cuenca de la sierra de Chuacús, en donde predomina la cultura Achí y el 90% de sus habitantes se comunican en el idioma Achi, con una alto porcentaje de analfabetismo y bajo nivel de escolaridad que debía superarse para lograr mejores condiciones de vida de sus habitantes.

Para poder cumplir con tan importante labor, las vías de comunicación eran escasas, de la misma manera los medios de comunicación limitados, se utilizaban regularmente las bicicletas, los automotores  eran escasos; dos líneas de transportes colectivos en la ruta de Cobán-Guatemala vía Rabinal, que lo hacían a una hora de la mañana y otra por la tarde, de la misma manera lo hacia el transporte Beatriz que su ruta era Rabinal-Salamá; y la mayoría  de habitantes nos trasladábamos a pie en el tramo carretero de Salamá a San Miguel Chicaj.

Cuando termina el siglo XX, para ser  más puntuales en el  año 2000, se hacen las gestiones para asfaltar dicho tramo carretero, y lo hacen con un asfalto de tercera categoría, que para ese entonces el tráfico y había crecido considerablemente , variedad de líneas de trasporte que  transitan de Cubulco-Rabinal-Chicaj-Salamá-Guatemala, transporte particular, colectivo y pesado, por lo que el tramo carretero se hace de suma importancia para fortalecer la economía y el bienestar de la población.

A partir de esas fechas a este tramo no se le dio mantenimiento, es hasta este año que se hace una inversión presupuestaria para su reparación, lamentablemente únicamente reconstruyeron  un pequeño tramo a la salida de Salamá, otro a la entrada al Centro Universitario de Baja Verapaz y un tercer tramo a la entrada a San Miguel Chicaj, para justificar que el aporte financiero se había ejecutado, sin hacer valer sus derechos porque la sombra de los poderosos que los silenciaron  aún persiste, lo que no les permite protestar por la grotesca burla y engaño.

La reconstrucción de este tramo carretero, como es normal se inauguró como una obra trascendental en el desarrollo del departamento, pero con una característica muy peculiar, que únicamente reconstruyeron cuatro de los nueve kilómetros, remendando con bacheo los otros cinco que tiene dicho tramo.

Transcurrido tres meses de haberlo “inaugurado”, se ha destruido nuevamente y la utilidad de la inversión es totalmente negativa para el uso de los vecinos, que se conforman con observar que ha quedado en el olvido nuevamente la reconstrucción de tan importante vía de comunicación.

Las autoridades locales (Alcaldes, Diputados y Gobernador) Consejos Municipales y Departamentales de Desarrollo, se ufanan como siempre de hacer proyectos de beneficio comunal, pero el pueblo se convence que son  proyectos de maquillaje cuando al poco tiempo están destruidos, pero si invierten cantidad de millones de quetzales, sobrevalorando obras que al final su vida útil es efímera por la mala calidad de su construcción.

El pueblo tiene el derecho y la obligación de convertirse en auditores sociales de cada “proyecto” cuando se ejecutan  La pregunta es: ¿Cuál es el medio adecuado para exigir que los protagonistas de este proyecto engañoso lo corrijan, esperamos la intervención  de Los Derechos Humanos, Contraloría General de Cuentas, Procuraduría General de la Nación o esperar la intervención de la CICIG?    Lo lamentable es que los habitantes de estas comunidades han sido silenciados y se conforman con las migajas que deja la corrupción que carcome la paciencia del pueblo que cuando el abuso es extremo se levanta para derrocar a los explotadores y a los que se aprovechan de los recursos públicos.

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Ignacio EspañaComentario