Hijo Feliz del País de la Poesía por Daniel Matul Morales

El diez de julio de 1902, en la provincia de Camagüey, Cuba, germina a la vida, la inconfundible personalidad del célebre poeta Nicolás Guillén, cuya vertiginosa simiente afro-cubana floreció en el arte de la poesía. Coincidentemente, el veinte de mayo del mismo año, Cuba, había nacido como república. Cuando Nicolás Guillen contaba con  quince años de edad, la soldadesca del gobierno conservador del general Mario García Menocal, dispuso de la vida de su padre. Años más tarde, viviendo la tragedia de la dictadura de Fulgencio Batista, buscó el exilio, durante algún tiempo, en París, para volver su patria cuando triunfa la revolución en 1959. 

No obstante, la adversidad a la que estuvo aproximado en muchas ocasiones, Nicolás Guillen, ha sido considerado por sus críticos como “hijo feliz del país de la poesía”. Fue en ese contexto de inspiración, donde cultivó amistad con personalidades del mundo literario y artístico como Federico García Lorca, Miguel de Unamuno, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Antonio Machado, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Rafael Alberti, César Vallejo, León Felipe, Octavio Paz, Ernest Hemingway, por ejemplo.

La escritora soviética Rimma Kazakova, al referirse a  Guillén, nos dice: “Poseía la belleza natural de la tierra o del árbol. Su rostro no legible ni descifrable gradualmente, y menos aún al instante, era un rostro de rasgos pronunciados y confirmadores; su risa de dientes blancos y duro seño, la disparidad mulata de su naturaleza que mezcló en la carne muchos genes y flujos de sangre discordante, y en el alma, ciclones y pasiones de historia: todo ello creaba en torno al poeta un campo físicamente sensible de atracción, encanto y hechizo”. Al conmemorar ciento dieciséis años del nacimiento del Bardo Nicolás Guillen, Premio Nacional de Literatura de Cuba y máximo representante de la llamada «poesía negra», compartimos el poema “No sé por qué Piensas tú”.

 

NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ

No sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo,

si somos la misma cosa

yo,

tú.


Tú eres pobre, lo soy yo;

soy de abajo, lo eres tú;

¿de dónde has sacado tú,

soldado, que te odio yo?


Me duele que a veces tú

te olvides de quién soy yo;

caramba, si yo soy tú,

lo mismo que tú eres yo.


Pero no por eso yo

he de malquererte, tú;

si somos la misma cosa,

yo,

tú,

no sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo.


Ya nos veremos yo y tú,

juntos en la misma calle,

hombro con hombro, tú y yo,

sin odios ni yo ni tú,

pero sabiendo tú y yo,

a dónde vamos yo y tú...

¡no sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo!

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Imagen del Bardo: Nicolás Guillen, tomada de NPG X 132301. National Portrait Gallery. Google.