Sobre “La Reina Del Ácido” y los perfumes de la infracción por Guillermo Fernández*

El libro de relatos del narrador costarricense Víctor Hugo Fernández, publicado por la EUNED a inicios del 2018, sugiere asomarnos al detonante histórico como piedra de toque de la que se deriva la ficción narrativa.

Víctor Hugo Fernández es poeta, narrador y promotor cultural. Se ha destacado últimamente en la difusión de poetas costarricenses de diversas generaciones, así como en proyectos sui géneris con enfoques novedosos que proponen lecturas poéticas con suplementos de música rockera en su programa “Amigos de Planet Music Radio”. Ha fungido desde hace muchos años como experto en danza, ha sido crítico literario y se desempeñó como director de Áncora durante un largo periodo.

A inicios de este año publicó un libro de relatos que tituló “La reina del ácido”, un compendio de cinco narraciones sobre los más diversos temas. Nos interesa el texto porque se evidencia un tipo de narrativa que resuelve la descripción de paisajes impresionistas con personajes que nos manifiestan extraños secretos. Por ejemplo, nos interroga de manera persistente el relato titulado “La casa en Dacula”, que propone los silencios y enigmas propios del relato norteamericano en apariencia realista, como el que profesó Carver, y que terminan siendo verdaderas incursiones en la mente insospechada de los personajes. El relato se refiere a un viaje al estado de Georgia que nos empieza a perturbar, como el mismo narrador nos dice de las calles que transita: “El orden parece sólido y estable, pero en el fondo es totalmente frágil, peligroso; el caos se encuentra latente…” Este orden, muy propiamente norteamericano, coexiste con la vulnerabilidad de un medio que ha logrado un desarrollo monumental y que no por eso permite de alguna manera el gozo prístino y la fluida comunicación entre los individuos. La descripción de las autopistas es una parodia de las circunstancias del primer mundo: “La velocidad es la clave del éxito cuando se está dentro de esta o cualquier otra autopista similar… El control es extremo y aun así ocurren accidentes; nadie está exento de la muerte en carretera”.

Mientras conduce el amigo James, se comenta la historia de los paisajes que van apareciendo y desapareciendo, como niebla fantasmagórica. El narrador y James se dirigen a Dacula, una pequeña ciudad ubicada al noreste de George, lugar de nacimiento de James, que tiene setenta y dos años. Va también en el Lexus ES, Scarlett, la única hija de James, amante del rockero inglés David Bowie, que deseaba conocer el lugar de asentamiento de sus antepasados. En James, observamos a quien va en un viaje al recuerdo, un recuerdo que puede tener sus sombras poco manifestadas. Y aquí es donde el relato aporta lecturas que se nos escapan. James empieza a engarzarse en otro tiempo, al igual que el narrador, el cual supone percibir un recuerdo que no es suyo, y Scarlett llega a un sitio que parece reconocer de modo misterioso, aunque nunca ha estado allí. Los tres sufren diferentes emociones en Dacula y la riqueza interpretativa del relato permite que nada quede claro para el lector, o que el lector asuma las posibles lucubraciones de cada personaje.

Otro relato interesante es “Las aventuras de Johnnie Walker”, que propiamente no podríamos señalar como aventuras, sino como incidentes de un hombre que es perseguido por agencias internacionales de espionaje en San José. De esos extranjeros que miramos caminar con sus alpargatas, algo desaliñados y viejos, no podemos inferir que sean expertos en algo que pueda interesarle a la policía internacional. Sin embargo, este Johnnie es buscado por sus conocimientos bursátiles y temido por su influencia en los incidentes financieros de internet. Al mismo tiempo, no es que Johnnie sea un acaudalado que pueda vivir con tranquilidad. Detrás de sus acciones, hay paranoia y temor de ser cazado. Vive entre chicas prepago y cálculos económicos que vende quizás a una mafia que le tiene respeto. Johnnie se pasea por San José y da su dinero a algunas visitadoras del Hotel El Rey; tiene sus favoritas y se enreda con sus problemas. Es un sobreviviente cuya vida absurda parece un estado permanente de guerra, mientras logra comprar algo de sexo a sus mujeres. Es un relato descarnado del gringo en tierra de nadie y que sabe lidiar con sus artimañas y que aun así le percibimos una muerte violenta, absurda, triste.

“La Reina del Ácido” es una atrevida remembranza de una ciudad que no nos cuentan los que la vivieron en los setenta. Se trata de la vieja bohemia refugiada en los sitios que se inventaron en esa época para oír música y hablar de arte. El relato, de tinte anecdótico, se funde en una celebración de una anfitriona que congrega a los escapados, aprendices de hippies, noctámbulos en estado larvario que empiezan a oler los perfumes de la infracción en una ciudad que por aquel entonces parecía impermeable a los aullidos cosmopolitas. Por esta misma dirección se encuentra “Las noches del Capricornio”, que recuerda un barrio Amón que podría haber mantenido un brillo cultural que hoy nos resultaría inconcebible. La anécdota no refiere una trama sino se confabula solo con la memoria. “Los perros cósmicos”, último relato, es una ironía concentrada en desvestir al homo sapiens por medio de una estrategia alienígena: un pretexto para cuestionar la civilización con un ardid un poco ácido.

El pequeño volumen es una muestra que Víctor Hugo ampliará en otra publicación futura donde sigue proponiendo narraciones muy desenfadadas en una ciudad que ya dejó de ser pequeña y fácil de predecir.

 

*Guillermo Fernández. Poeta, narrador y ensayista costarricense. Su poesía ha sido ampliamente reconocida en Costa Rica y Guatemala, en este último país obtuvo el Premio 59º de los Juegos Florales de Guatemala, celebrados en 1997.

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La Reina Del Ácido

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Guillermo Fernández

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